Recogimiento y reflexión en el memorial del genocidio armenio
Recogimiento y reflexión en el memorial del genocidio armenio
REFLEXIÓN
Hoy cuando las angustias e incertidumbres del presente y del futuro hacen de la indiferencia un refugio, la memoria – que cultivamos desde nuestra obra iniciática como referencia y conocimiento – es la luz de alerta que nos dice que la construcción de ese porvenir que aún no nos desvela todo su diseño, no podría ser plenamente humano si no despierta en nosotros la necesidad de descender hacia las oscuridades del pasado, para intentar iluminar y despertar las conciencias del presente.
Y la vigilancia … Los poderosos de todos los tiempos muchas veces persiguiendo concretar sus objetivos – generalmente más poder, en cualquiera de los terrenos de actuación - se han conducido en el desprecio de la dignidad humana y en la utilización y opresión de los más débiles y vulnerables, la mayor parte de las veces víctimas inocentes rehenes de los discursos, narrativas, chantajes o venganzas de quienes se creen los dueños del mundo, sean estos dirigentes de Estado, líderes de masas, anónimos terroristas, o jefes del crimen organizado.
Memoria como centinela, como faro, que nos recuerda que aún subsisten los odios identitarios, la violencia masiva, lo que ocurre cuando se extravía la razón y se instala la violencia como manera de resolver conflictos. Como muchas veces en la historia de la humanidad, nos recuerda que, una vez más, estamos en la disyuntiva entre civilización y barbarie, y que el rol de los iniciados es dar luz a la construcción de la civilización.
La República Oriental del Uruguay fue el primer país en reconocer el genocidio armenio en 1965, del cual este pasado 24 de abril se cumplieron 111 años. Nuestra sociedad abrió sus puertas generosas a la diáspora armenia y se vio enriquecida con los aportes de trabajo y cultura de una colectividad armenia presente en todos los campos del quehacer nacional, que ha fortalecido el “ser uruguayo” con sus sesgos particulares, como lo han hecho otras colectividades, construyendo una sociedad integrada y tolerante. Una república donde, para ser ciudadano, no se solicita certificado de etnia, religión, estatuto social o género, sino el respeto, como parte de la misma, del Estado de Derecho y de los deberes y obligaciones.
Sepamos también, entre todos, cuidar esa herencia del pasado, pues es de lo mejor que ha dado nuestro progreso como país. Más aún cuando vemos lo costoso que esto resulta en el mundo de hoy y los sufrimientos que estas aspiraciones aún causan en tantos pueblos.
Nuestros ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, de Libertad
Absoluta de Conciencia tienen total vigencia, así como rechazar toda opresión,
defender y promover la dignidad humana, la laicidad, y vencer la tentación al
encierro promoviendo la fraternidad universal.
Erevan, República de Armenia, 8 de mayo de 2026.

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